Empezó
esta aventura de escribir por allá por el año del Señor de 1975. Lo recuerdo
porque fue por esas fechas cuando murió el Generalísimo, pasamos todos a mejor
vida y en el internado del Seminario Menor de Godella nos dieron una semana de
fiesta. Bueno, los frailes capuchinos se empeñaron en decir que la semana era
de luto; pero a mí, por aquel entonces, ya no me apetecía que me engañaran con
cuatro monsergas.
Recuerdo
que, en clase de “Lenguaje”, el padre Agripino nos instó a componer un poema… y
allá que nos pusimos a componérnoslas para lograrlo, los cuarenta alumnos, con
los pocos datos que teníamos y la inexperiencia propia de la edad de unos niños
de once años.
También
recuerdo que al día siguiente, el Padre Agripino, se acercó a mí, me entregó el
poema y me dijo “MUY BIEN”.
…Fue
entonces cuando comprendí que los curas también podían mentir.
Allá va
aquel primer poema que aún conservo en una vieja libreta del año 75 llena de
resultados de futbol y baloncesto de la liga en curso; trayectos, tiempos y
kilometrajes de mi bicicleta de verano… y otros mil datos llenos de rallas,
manchas y borrones… con fondo amarillo.
EL GRAN CAMINO
Camina por la verdad
hijo de la tierra
y verás que bien irás.
Si por ella tú caminas
el camino del gozo
y la paz hallarás.
Pero si no,
el de la envidia sin paz.
Yo prefiero que sea el primero,
pues es el que mejor tomar.
Por él la vida hallarás,
por el otro,
la guerra sin paz.
1975

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