Desde que empecé a escribir, muchas letras se quedaron en el camino. Rescato algunas, me invento otras y, sin ánimo de lucro, me reinvento cuando puedo. No sé por dónde ando, no sé quién anda por aquí; pero si se escribe, lo único necesario es un papel en blanco, en gris, en amarillo... y un bolígrafo que sea como un río y que llegue a la gran laguna de teclados, de nubes o de espacios; compartidos, por supuesto.
sábado, 17 de noviembre de 2018
Por las obras nos conoceremos
POR LAS OBRAS NOS CONOCEREMOS
Yo no he escrito nunca "Los versos más tristes esta noche",
ni un “Arte poética” que no sea de andar por casa;
yo no tengo unos “Campos de Castilla”
ni un palomar de “Las cartas”.
Mis letras son sencillas,
mis imágenes demasiado claras.
No tengo ninguna obra maestra
de la que no me considere su alumno;
es más, las obras me declaran
y la tristeza,
que llevo abrazada de continuo
aunque me saque a bailar cada mañana.
La alegría, ¿qué puedo decir?,
es mi aliada.
Las obras son, tan solo,
aquello por lo que nos conoceremos:
las mías, las tuyas y otras tantas.
Me suena otros ojos tanto como los míos,
reconozco mis rasgos al mirarme en las caras,
tengo de invisible lo mismo que de piedra;
la transparencia y la textura me delatan…
…Y las letras, y los poemas;
todo, todo, todo...
Nada.
Alonso Vicent
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